La vida de Alexander Alexander escrita por él mismo [1817-1822]

La vida de Alexander Alexander escrita por él mismo, Introducción, traducción y notas de Jaime Tello, Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, 1978.

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Richard Bache, La República de Colombia en los años 1822-1823

Richard Bache, La República de Colombia en los años 1822-1823. Notas de viaje. Con el itinerario de la ruta entre Caracas y Bogotá y apéndice por un oficial del Ejército de los Estados Unidos, Caracas, 1982.

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François Depons. “Viaje a la parte oriental de Tierra Firme” (1806)

François Raymond Depons nació en Soustons, Francia en 1751. En 1781 se residenció en Santo Domingo. A raíz de la revolución en Santo Domingo emigró a Venezuela en 1801. Poco después asumió el cargo de corresponsal político y diplomático del gobierno francés en Caracas. Permanecerá en Tierra Firme hasta julio de 1804. La redacción de la obra que hoy presentamos la empezó posiblemente en Caracas, y la concluyó en Francia a finales de 1805. Al año siguiente se publicó en Francia bajo el título: [Voyage a la partie oriental de la Terre Ferme, dans l’Amérique Méridionale, fait pendant les années 1801, 1802, 1803, et 1804; contenant la description de la capitaniere générale de Caracas composée des provinces de Venézuéla, Maracaibo, Varinas, la Guiane espagnole, Cumaná et de l’ile de la Marguerite] y la edición inglesa en 1807 con el nombre: [Travels in South America, during the years 1801, 1802, 1803, and 1804, containing a description of the captain generalship of Caracas, and an account of the discovery, conquest, topography, legislature, commerce, finance and natural productions of the country; with a view of the manners and customs of the Spaniards and the native indians. London, Longman, Hurst, Rees, and Orme, 2 vols.]

Descargar: Volumen I; Volumen II

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Nueva versión del “Delirio sobre el Chimborazo”

Artículo de Don Armando Martínez publicano en la octava entrega de la Revista de Santander.

Mi delirio sobre el Chimborazo. Simón Bolívar

Durante la primera semana de julio de 1822 el Libertador de la Nueva Granada y Venezuela contempló, desde Riobamba, el elevado volcán nevado llamado El Chimborazo. Decidió llegar en su caballo hasta sus laderas y luego ascender todo lo que pudo hacia la cumbre. La impresión que le produjo la magnificencia del paisaje motivó la escritura de un pequeño texto en prosa que desde entonces se conoce con el título de Mi delirio sobre el Chimborazo. No se conoce hasta hoy el texto de su puño y letra, pero sí una copia fechada en Loja el 13 de octubre de 1822, conservada en Quito por los descendientes del coronel Vicente Aguirre, según la noticia dada por Vicente Lecuna en su Breviario de ideas bolivarianas, publicado en Caracas durante el año 1970. Efectivamente, el Libertador  entró a la ciudad de Loja el 10 de octubre de 1822, donde fue objeto de un caluroso recibimiento. Allí permaneció, en su Cuartel General, hasta el 21 de octubre, cuando marchó hacia Cuenca por el camino de La Juntas, Saragusto, Oña, Nabon y Cumbe. Durante los once días que allí estuvo algún escribano de su Secretaría debió copiar el texto que hoy se custodia en Quito con la data de Loja y 13 de octubre de 1822.

Lo que no se sabía es que una segunda copia de esta versión fue realizada por el escribano Mateo de Belmonte, natural de Oruro (Audiencia de Charcas), quien acompañó al Libertador como oficial escribiente de su Secretaría entre agosto de 1825 y marzo de 1828. Desde que el general Bolívar entró al actual territorio de Bolivia por Copacabana y el lago Titicaca, el 14 de agosto de 1825, Belmonte se convirtió en su fiel escribano. Dos cartas dirigidas por Bolívar al mariscal Sucre, escritas en la Quinta de Bogotá el 1º y el 13 de marzo de 1828, así lo prueban. En la primera dice lo siguiente: “El joven Belmonte, que me ha acompañado desde que conocí a Bolivia, regresa a cuidar a su anciano padre y a servir a su patria. Es, pues, un deber mío recomendarlo a la especial protección de Vd. pudiendo asegurarle que no tengo contra él queja ninguna. Él mismo le informará del destino que desee servir y que Vd. le confiará en conformidad de sus aptitudes”. Y en la postdata de la segunda insistió: “Belmonte vuelve a su país y merece toda la bondad de Vd. y la mía: se lo recomiendo de nuevo”. Pues durante el tiempo en que trabajó en la Secretaría del Libertador debió el joven Belmonte escribir esta segunda copia del texto de Loja, la cual llevó consigo a su patria y a su muerte legó a su hija Felicidad Belmonte. Por los caminos del azar llegó esta segunda copia manuscrita a las manos del director de esta revista, quien la publica aquí para remediar las alteraciones del texto original en las versiones anteriormente publicadas. La primera impresión conocida del Delirio sobre el Chimborazo no tiene fecha pero salió de la imprenta caraqueña del periódico El Venezolano, y fue incluida por Gerardo Rivas Moreno en el tomo IV de las Obras completas de Simón Bolívar (Bucaramanga, Sic, 2008). Con algunas diferencias de texto fue incluido por Francisco Javier Yanes y Cristóbal Mendoza en el tomo XXII de su Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador (Caracas, 1833). Dado que todas las copias impresas difieren del texto de Loja, se justifica esta nueva edición.

Como algunas voces han puesto en duda la autoría del Libertador, dejemos que sea él mismo quien la confirme en una carta que remitió a su maestro Simón Rodríguez desde Pativilca, el 19 de enero de 1824: “Venga usted al Chimborazo; profane usted con su planta atrevida la escala de los titanes, la corona de la tierra, la almena inexpugnable del Universo nuevo. Desde tan alto tenderá usted la vista; y al observar el cielo y la tierra, admirando el pasmo de la creación terrena, podrá decir: dos eternidades me contemplan; la pasada y la que viene; y este trono de la naturaleza, idéntico a su autor, será tan duradero, indestructible y eterno como el padre del Universo”.

Yo venía envuelto con el manto de Yris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas y quise subir a la atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguilas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial; el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que puso la mano de la eternidad en las sienes ecselsas del dominador de los Andes. Yo me dije este manto de Yris que me ha servido de estandarte ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales; ha surcado los mares dulces; ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad. Belona ha sido humillada por los rastros de Yris, ¿y yo no podré trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? Sí podré, y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, pasé sobre los pies de Humboldt empañando aún los cristales eternos que circuyen al Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento y con mis pies los umbrales del abismo.

Un delirio febril embarga toda mi mente; me siento como encendido de un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.

De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado de los despojos de las edades, ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano. Yo soy el padre de los siglos, me dice; soy el arcano de la fama y del secreto; mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado; miro lo futuro y por mi mano pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees acaso que el Universo es algo? ¿Que montar sobre la cabeza de un alfiler es subir? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a los sucesos? ¿Pensáis que habéis visto la justa verdad? ¡Imagináis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos! Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano.

Sobrecogido de un sagrado terror, ¿cómo, ¡oh Tiempo! respondí no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? Yo he pasado todos los hombres en fortuna porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino el Universo con mis plantas; toco al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando de una guiñada los rutilantes astros; los soles infinitos; he visto sin asombro el espacio que encierra la materia y en tu rostro leo la historia de lo pasado y los libros del Destino. Observa, me dijo, aprende; conserva en tu mente lo que has visto;
dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado; di la verdad a los hombres… La fantasma desapareció.

Absorto, yerto, por decirlo así, quedé ecsánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. Al fin la tremenda voz de Colombia me grita; resucito; me siento; abro con mis propias manos mis pesados párpados; vuelvo a ser hombre y escribo mi delirio.

Bolívar

[otra clase de letra] En Loja, a 13 de octubre de 1822.

Mi delirio sobre el Chimborazo

[otra clase de letra] Este original ha sido proporcionado por la señora Felicidad Belmonte, hija del secretario del libertador Mateo de Belmonte.

 

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Diminuta y endogámica

El Presente del Pasado

por Luis Fernando Granados*

El viernes por la tarde, en la Coordinación de Humanidades de la UNAM, se llevó a cabo una mesa redonda para discutir “El futuro de la investigación en humanidades en México”. El encuentro —organizado por Alicia Mayer, directora del Instituto de Investigaciones Históricas— forma parte de una serie de consultas que la Academia Mexicana de las Ciencias y el Conacyt está realizando a petición del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República para que el gobierno de Enrique Peña Nieto diseñe su política científica.

Dos filósofos, una lingüista y un historiador —todos connotados, todos elocuentes— se encargaron de ofrecer un diagnóstico sobre el estado de sus disciplinas y, de manera más ambiciosa, sobre la función social de las humanidades en México. En conjunto, ofrecieron una apreciación que no por conocida es menos significativa, sobre todo en función del destinatario último de sus…

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Gaceta de Caracas (1808-1822)

Imprenta, reformas y revolución.

En 1808, a raíz de la invasión de España por parte de los ejércitos de Napoleón Bonaparte, y la presión de los criollos para formar una junta, el Capitán General Juan de Casas de la Gobernación y Capitanía General de Venezuela, toma la iniciativa de traer una imprenta para contrarrestar la propaganda subversiva favorable a los ideales de la revolución e independencia. A finales de ese año, se establecieron en Caracas los ingleses Matthew Gallager y James Lamb, en cuya prensa, traída desde Trinidad, se publicó el 24 de octubre de 1808 el primer periódico de Venezuela, la Gazeta de Caracas. Esta publicación, creada inicialmente para difundir las noticias e ideas favorables a la monarquía española, vivió en sus primeros años los cambios que, desde ese momento hasta la independencia en 1811, se suscitaron en el panorama político nacional. En sus diversas etapas, realista y republicana, y con algunas interrupciones como consecuencia de la guerra, se publicó hasta enero de 1822. Luego de la introducción de la imprenta en territorio venezolano y de la aparición de la Gazeta de Caracas, surgieron en otras poblaciones iniciativas similares: Cumaná (1811), Valencia (1812), Angostura (1817), Maracaibo (1821), Puerto Cabello (1825) y Guanare (1826).

La Gazeta de Caracas, que pasó a llamarse Gaceta de Caracas a partir de 1815, estuvo en manos del gobierno de turno desde sus inicios. Comenzó su etapa patriota en 1810 y sirvió como vocero del primer intento republicano hasta 1812; ese último año y parte del siguiente, estuvo en manos realistas y divulgó los triunfos del jefe español Domingo de Monteverde; luego volvió a tener una temporada patriota, pero al caer el gobierno de Simón Bolívar en 1814, José Domingo Díaz se ocupó de ella hasta el triunfo definitivo de la república en 1821. En 1822 fue sustituida por el Publicista Venezolano el cual paso a ser el órgano oficial del Departamento de Venezuela, aunque hay quienes afirman que fue más bien el Iris Venezolano.

La existencia de etapas de la Gazeta o Gaceta de Caracas no es casual. La prensa ha sido siempre una de las armas más poderosas en cualquier lucha política. Desde los inicios fue evidente que quien tuviera el control de la palabra, y no sólo de las estrategias militares, lograría el triunfo. El poder de persuasión de la palabra escrita –entendida así por los protagonistas del proceso de independencia– fue fundamental para el éxito del proyecto republicano.

Tomado de: Rosángel Vargas y Ángel Almarza, “La cultura”, en Inés Quintero (coord.), Venezuela. Crisis imperial e independencia 1808/1830, Tomo I, Colección América Latina en la Historia Contemporánea, Madrid, Fundación MAPFRE y Santillana Editores Generales, 2010, pp. 261-313.

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Resumen de la historia de Venezuela (1841) de Rafael María Baralt

Rafael María Baralt. Nació en Maracaibo (Venezuela) el 3 de julio de 1810. Como buen historiador, se desempeñó como escritor, periodista, filólogo, crítico y poeta. Estudió latín y filosofía en la Universidad de Bogotá donde se graduó en 1830. Desde esos años toma participación activa en la política venezolana. En 1840 viajó a Paris para editar su “Resumen de la historia de Venezuela” y “Diccionario de Galicismos”. Radicado en España, fue elegido individuo de número de la Real Academia de la Lengua. Murió en Madrid (España) sin llegar a los 50 años de edad, el 4 de enero de 1860.

Rafael María Baralt y Ramón Díaz publicaron dos trabajos simultáneamente; el primero titulado originalmente Resumen de la Historia de Venezuela desde el descubrimiento de su territorio por los castellanos en el siglo XV hasta el año de 1797, ordenado y compuesto con arreglo a Muñoz, Navarrete, Herrera, Irving, Oviedo, Robertson, Depons, Humbolt, Clemencin, Montenegro, Yánes, Alcedo, Antúnez, Acevedo, etc., etc., etc. (París, Imprenta de H. Fournier y Comp., 1841) y Resumen de la Historia de Venezuela desde el año de 1797 hasta el de 1830 (París, Imprenta de H. Fournier y Comp., 1841). Es el libro clásico de la historia de Venezuela del siglo XIX y adjunto encontrarán digitalizado la primera edición.

            Su origen, además, es interesante ya que formó parte de un proyecto auspiciado por la naciente república, la Comisión Corográfica, cuya finalidad era establecer con precisión los linderos y contenidos de la nueva nación. Pero la relevancia de la obra de Baralt reside también en la marcada influencia que ejerció para la posterior redacción de los manuales y catecismos de enseñanza de la historia que se escribieron en la segunda mitad del siglo XIX, dirigidos a difundir la historia patria. Sobre la redacción y publicación de esta obra puede consultarse el trabajo de Elena Plaza “Historiografía y Nacionalidad: el Resumen de la Historia de Venezuela de Rafael María Baralt”, en Revista Tiempo y Espacio, Caracas, nº 13, 1996.

Rafael María Baralt. Resumen de la historia de Venezuela I (1841)

Rafael María Baralt. Resumen de la historia de Venezuela II (1841)

Rafael María Baralt. Resumen de la historia de Venezuela III (1841)

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